El secreto de amar a Dios con todo tu ser

¿Sabes qué significa el misterioso sueño de Rebeca en la Biblia?

Rebeca era una mujer hermosa y virtuosa que se casó con Isaac, el hijo de Abraham. Ella amaba a su esposo y deseaba darle hijos, pero era estéril. Un día, Isaac oró a Dios por su esposa y ella quedó embarazada de gemelos.

Pero el embarazo no fue fácil. Rebeca sentía que los niños se peleaban dentro de su vientre y le causaban mucho dolor. Así que fue a consultar al Señor y le preguntó: “¿Por qué me pasa esto?”

Y el Señor le respondió con un sueño profético: “Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos se dividirán desde tus entrañas; el uno será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor”.

¿Qué significaba este sueño? ¿Cómo podía Rebeca entenderlo?

La clave está en saber que el sueño no era literal, sino simbólico. Los dos hijos de Rebeca representaban dos estados de conciencia: el mayor, Esaú, era el estado del hombre natural, carnal y terrenal; el menor, Jacob, era el estado del hombre espiritual, divino y celestial.

Esaú nació primero, cubierto de vello rojo. Era un cazador hábil y un hombre del campo. Le gustaba la comida y la bebida, y no valoraba las cosas sagradas. Un día, vendió su primogenitura a Jacob por un plato de lentejas.

Jacob nació después, agarrando el talón de Esaú. Era un hombre tranquilo y pacífico, que habitaba en tiendas. Amaba a Dios y buscaba su bendición. Un día, engañó a su padre Isaac para que le diera la bendición que correspondía a Esaú.

Estas historias nos muestran que Esaú era el estado del hombre que vive según los sentidos externos, que se deja llevar por los impulsos y los deseos del ego. Jacob era el estado del hombre que vive según la fe interna, que se guía por la intuición y la imaginación del espíritu.

El sueño de Rebeca nos revela que todos tenemos estos dos estados dentro de nosotros, y que podemos elegir cuál cultivar y cuál dejar morir. El estado de Esaú nos ata al mundo material y nos hace esclavos de las circunstancias. El estado de Jacob nos libera del mundo material y nos hace señores de las circunstancias.

El sueño también nos dice que el estado de Jacob es más fuerte que el de Esaú, y que el mayor servirá al menor. Esto significa que cuando nos elevamos al estado de Jacob, podemos dominar al estado de Esaú y hacer que sirva a nuestro propósito divino. Podemos usar nuestra mente carnal como una herramienta para manifestar nuestra mente espiritual.

¿Cómo podemos hacer esto? Siguiendo el ejemplo de Jacob, que significa “el suplantador”. Jacob suplantó a Esaú en dos ocasiones: una vez por la primogenitura y otra por la bendición. La primogenitura significa el derecho a heredar las promesas de Dios; la bendición significa el poder para realizar las promesas de Dios.

Para suplantar al estado de Esaú por el de Jacob, debemos renunciar a nuestro derecho a heredar las promesas de Dios según nuestra naturaleza humana, y reclamarlo según nuestra naturaleza divina. Debemos reconocer que somos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza, y que tenemos todo lo que necesitamos dentro de nosotros.

También debemos renunciar a nuestro poder para realizar las promesas de Dios según nuestra fuerza humana, y asumirlo según nuestra fuerza divina. Debemos confiar en que Dios es nuestro proveedor, nuestro protector y nuestro guía, y que él hará todo lo necesario para cumplir sus promesas en nuestra vida.

Así es como podemos pasar del estado de Esaú al estado de Jacob, del hombre natural al hombre espiritual, del mundo material al mundo celestial. Así es como podemos interpretar el sueño de Rebeca y aplicarlo a nuestra propia experiencia.

¿Y tú? ¿Qué estado quieres vivir? ¿El de Esaú o el de Jacob? ¿El del hombre carnal o el del hombre divino? ¿El del mundo terrenal o el del mundo celestial?

La decisión es tuya. Recuerda que tienes dos naciones en tu seno, y que el mayor servirá al menor. Elige bien, y vive la vida que sueñas.

Comentarios

  1. Este post es una excelente explicación de cómo podemos cambiar nuestro estado de conciencia y asumir el que deseamos. El sueño de Rebeca nos muestra que somos nosotros los que elegimos vivir en el estado de Esaú o en el de Jacob, y que podemos pasar de uno a otro mediante el uso de nuestra imaginación. La imaginación es el poder creador de Dios en nosotros, y podemos usarla para suplantar cualquier estado que no nos guste por uno que sí. Solo tenemos que sentir que ya somos lo que queremos ser, y actuar en consecuencia.

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  2. Este post es una gran enseñanza de cómo podemos transformar nuestra realidad y atraer lo que queremos. El sueño de Rebeca nos enseña que tenemos dos fuerzas opuestas dentro de nosotros: la fuerza del ego y la fuerza del alma. La fuerza del ego es la que nos hace vivir en el estado de Esaú, apegados al mundo material y a nuestros deseos egoístas. La fuerza del alma es la que nos hace vivir en el estado de Jacob, conectados con el mundo espiritual y con nuestro propósito divino. Podemos elegir cuál fuerza alimentar y cuál debilitar, mediante el uso de nuestra voluntad.

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  3. Este post es una buena parábola de cómo podemos entrar en el reino de Dios y recibir sus bendiciones. El sueño de Rebeca nos revela que hay dos caminos ante nosotros: el camino ancho y el camino estrecho. El camino ancho es el que nos lleva a vivir en el estado de Esaú, donde seguimos los dictados de la carne y del mundo. El camino estrecho es el que nos lleva a vivir en el estado de Jacob, donde seguimos los mandamientos de Dios y del espíritu. Podemos escoger cuál camino seguir y cuál abandonar, mediante el uso de nuestra fe.

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