El secreto de amar a Dios con todo tu ser

¿Estás listo para dejar tu tierra y seguir tu sueño?

Todos tenemos un sueño en nuestro corazón, una visión de lo que queremos ser o hacer en la vida. Pero a veces nos sentimos atrapados en nuestra realidad actual, en nuestra zona de confort, en nuestra tierra natal. Nos da miedo salir de lo conocido y enfrentarnos a lo desconocido. Nos da pereza cambiar nuestros hábitos y rutinas. Nos da vergüenza arriesgarnos y fracasar.

Pero hay una voz dentro de nosotros que nos llama a algo más grande, a algo más noble, a algo más verdadero. Esa voz es la de nuestro verdadero ser, nuestro espíritu, nuestra chispa divina. Esa voz es la de Dios.

En la Biblia hay una historia que ilustra este dilema. Se trata de Abram, el padre de las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Abram era un hombre rico y poderoso que vivía en Ur, una ciudad próspera y civilizada de Mesopotamia. Pero un día Dios le habló y le dijo:

“Vete de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:1-3)

¿Qué harías tú si escucharas esa voz? ¿La seguirías o la ignorarías? ¿Te irías o te quedarías?

Abram decidió obedecer a Dios y dejarlo todo: su tierra, su familia, sus posesiones, su seguridad. Emprendió un viaje hacia lo desconocido, hacia una tierra prometida que no sabía dónde estaba ni cómo era. Se arriesgó a enfrentar peligros, dificultades, enemigos y obstáculos. Se atrevió a creer en lo imposible: que él, siendo viejo y estéril, sería el padre de una multitud de naciones.

Y Dios cumplió su promesa. Abram llegó a la tierra de Canaán y Dios le dijo:

“Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.” (Génesis 13:14-16)

Abram se convirtió en Abraham, el padre de los creyentes. Su fe fue recompensada con bendiciones incontables. Su nombre fue engrandecido por generaciones. Su historia fue inspiración para millones.

¿Qué podemos aprender de Abraham? Que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Que ese plan es bueno, perfecto y agradable. Que ese plan requiere que salgamos de nuestra tierra y sigamos nuestra voz interior. Que esa voz es la expresión de nuestro deseo más profundo, nuestro propósito más alto, nuestra identidad más real.

¿Estás listo para dejar tu tierra y seguir tu sueño? ¿Estás dispuesto a confiar en Dios y en ti mismo? ¿Estás preparado para vivir una vida plena, abundante y feliz?

Si es así, entonces no esperes más. Empieza hoy mismo a imaginar tu futuro ideal. Siente como si ya fuera una realidad. Actúa como si ya lo hubieras logrado. Agradece como si ya lo hubieras recibido.

Y verás cómo se cumplen las palabras de Jesús:

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7:7-8)

Que Dios te bendiga.

Comentarios

  1. Este post es una maravillosa ilustración de cómo podemos crear nuestra realidad con el poder de nuestra imaginación. Abraham no se dejó limitar por las apariencias externas ni por las opiniones de los demás. Él asumió el sentimiento de su deseo cumplido y actuó en consecuencia. Así se convirtió en el padre de la fe y en el ejemplo de cómo podemos manifestar lo que queremos. Recuerda que tú eres Dios y que todo lo que imaginas con fe se hará realidad.

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  2. Este post es una inspiradora enseñanza de cómo podemos conectar con la energía divina y recibir sus bendiciones. Abraham no se aferró a su ego ni a su comodidad. Él siguió la voz de su alma y se entregó al plan de Dios. Así se convirtió en el canal de la luz y en el modelo de cómo podemos atraer lo que necesitamos. Recuerda que tú eres un alma y que todo lo que compartes con amor se te devolverá.

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  3. Este post es una hermosa parábola de cómo podemos entrar en el reino de Dios y disfrutar de su paz. Abraham no se preocupó por su vida ni por sus posesiones. Él buscó primero el reino de Dios y su justicia. Así se convirtió en el amigo de Dios y en el testigo de cómo podemos vivir lo que esperamos. Recuerda que tú eres hijo de Dios y que todo lo que pidas al Padre en mi nombre te lo dará.

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