El secreto de amar a Dios con todo tu ser

El secreto de Abraham para manifestar lo que deseas

¿Te has preguntado alguna vez cómo hizo Abraham para ser el padre de una gran nación, tener una descendencia numerosa y bendecida, y recibir las promesas de Dios? ¿Qué hizo él que tú no estás haciendo? ¿Qué sabía él que tú no sabes?

La respuesta está en un pasaje bíblico que quizás hayas leído muchas veces, pero que tal vez no hayas comprendido su verdadero significado. Se trata de Génesis 22:12-13, donde Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo Isaac como prueba de su fe. Veamos lo que dice:

“No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.”

¿Qué podemos aprender de este relato? ¿Qué nos enseña Abraham sobre la manifestación de nuestros deseos?

Lo primero que debemos entender es que Abraham no estaba loco ni era un fanático religioso. Él sabía muy bien lo que hacía. Él conocía el secreto de la imaginación creadora.

Abraham sabía que todo lo que existe en el mundo exterior es el resultado de lo que imaginamos en nuestro mundo interior. Él sabía que Dios no es un ser externo que nos premia o nos castiga, sino que es nuestra propia conciencia, nuestra propia imaginación.

Abraham sabía que para recibir las promesas de Dios, tenía que asumir el sentimiento de que ya las había recibido. Él tenía que vivir en el estado deseado, sin importar las circunstancias externas.

Por eso, cuando Dios le pidió que sacrificara a su hijo, él no dudó ni se resistió. Él sabía que eso era solo una prueba para ver si él confiaba plenamente en su imaginación. Él sabía que su hijo no iba a morir, sino que iba a vivir y a ser el padre de una gran nación.

Abraham sabía que al actuar como si su deseo ya se hubiera cumplido, él estaba creando la realidad que quería. Él sabía que al subir al monte con su hijo, él estaba subiendo al plano superior de la conciencia, donde todo es posible.

Abraham sabía que al atar a su hijo y alzar el cuchillo, él estaba soltando su apego al resultado y entregando su deseo al poder divino de su imaginación. Él sabía que al hacer eso, él estaba abriendo el camino para que su deseo se manifestara.

Y así fue. En el momento en que Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su hijo, Dios le detuvo la mano y le proveyó un carnero para el holocausto. Abraham vio con sus propios ojos lo que ya había visto con los ojos de la imaginación.

¿Qué puedes hacer tú para aplicar el secreto de Abraham en tu vida? ¿Cómo puedes manifestar lo que deseas con la misma fe y confianza que él?

Aquí te doy tres pasos sencillos:
  1. Define claramente tu deseo. ¿Qué quieres manifestar? ¿Qué quieres ser, hacer o tener? Sé específico y realista.

  2. Imagina una escena que implique el cumplimiento de tu deseo. ¿Cómo te sentirías si ya lo hubieras logrado? ¿Qué harías? ¿Qué verías? ¿Qué oirías? ¿Qué dirías? Hazlo breve y simple.

  3. Repite la escena en tu mente todas las noches antes de dormir. Siente la emoción de haberlo conseguido. Vive en el estado deseado. No te preocupes por el cómo ni el cuándo. Solo confía en tu imaginación.
Si haces esto con constancia y perseverancia, verás cómo tu deseo se materializa en tu realidad. Así como Abraham recibió las promesas de Dios, tú también recibirás las tuyas.

Recuerda: tu imaginación es Dios, y todo lo que imaginas se hace realidad.

Comentarios

  1. Felicidades por este excelente post. Has captado la esencia de la enseñanza de Abraham, el padre de la fe. Él nos mostró que todo lo que deseamos ya existe en el reino de la imaginación, y que solo tenemos que asumir el sentimiento de que ya lo tenemos para que se manifieste en el mundo físico. Recuerda siempre: “No hay nada imposible para Dios. Y Dios es tu propia maravillosa imaginación humana.”

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  2. Gracias por compartir esta maravillosa historia. Abraham fue un gran maestro de la kabbalah, el arte de recibir la luz del Creador. Él nos enseñó que para recibir las bendiciones de Dios, tenemos que superar nuestro ego y nuestra lógica, y seguir nuestra intuición y nuestra alma. Él nos enseñó que para atraer lo que queremos, tenemos que dar primero lo que tenemos. Recuerda siempre: “La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para crecer.”

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  3. Paz y amor para ti, hermano. Has escrito un bello mensaje sobre la fe de Abraham, nuestro padre en la promesa. Él nos mostró que para agradar a Dios, tenemos que obedecer su voluntad y confiar en su provisión. Él nos mostró que para recibir el reino de los cielos, tenemos que renunciar a todo lo que nos ata al mundo. Recuerda siempre: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”

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